El nuevo PP de centro reformista —o quizás al final no, quizás al final, por obra y gracia de Vidal-Quadras, de derecha moderada—, ha decidido irse a vivir con Dorothy, el hombre de estaño, el león cobarde, la Bruja Buena del Norte y el Mago. En la tierra de Oz el centro político no sólo es posible, sino obligatorio.
Los que son de derechas, eso está claro, están muy mal vistos, que la gente de derechas suele resultar muy antipática, principalmente a la gente de izquierdas y, sobre todo, si les da por hablar de política. Claro que, enfrascados en una discusión, aunque sea pausada, a la gente de derechas quien le parecerá antipática es la gente de izquierdas.
Tomar partido, tener principios, defender propuestas concretas, modelos definidos… suele tener como resultado que uno no puede estar de acuerdo ni caerle bien a todo el mundo (lo cual, en la vida adulta y civilizada, no es ningún drama), excepto en la tierra de Oz. En la tierra de Oz, todos somos amigos de Dorothy, y ella nos conseguirá una cita con el Mago, quien hará realidad nuestros deseos al completo.
Con todos los políticos en activo (pues los ya amortizados tanto dan) de los principales partidos correteando por los empedrados caminos de Oz de la mano de la dulce niña de los tirabuzones, al ciudadano, a mí, que se lo mira desde Kansas porque en Oz no le dejan entrar, se le queda cara de tonto.
Simpáticos, acabarán siendo todos simpatiquísimos, que el centro político es lo que tiene, pero, enfrascados en su dulce y educada competencia (entre melifluas risitas y abracitos) por el título de Miss Simpatía Tierra de Oz 2008, ¿dedicarán algún esfuerzo a resolver nuestros problemas? PSOE, PP, CiU y alguno que otro más, quiero decir.
Ah, no, claro, que para eso está el Mago. ¡Tonto de mí!


