Nuestra deidad máxima fue ayer apabullada no ya por un dios menor, sino por un mero semidiós: Risto Mejide, hijo de la diosa Thele y un mortal, sí mismo, que Risto es recursivo de nacimiento. El artículo de los viernes de Espido en http://www.adn.es/, de título tan incomprensible como soporífero: Anuncios atrasados (inescrutables son sus caminos), recibió seis votos seis, quizás en una metáfora reivindicativa de su bravura, ¡pero sólo seis!; mientras que el del Mejide, inteligente y tentador ya desde el enunciado: Me molo, fue respaldado por sesenta y ocho sufragios, positivos o negativos, eso da igual, que lo importante es cabalgar, Sancho.
Es cierto, sí, que la pastilla del héroe Risto aparece muy destacada en la página principal del ADN, mientras que la de la diosa Espido, no tanto; pero ello no justifica una diferencia tan escandalosa en el marcador, más aún jugando en casa, pues internet, digan lo que digan, es el más gordo de los libros, y los libros son el reino de Espido.
¡Un momento! Siento que entro en trance… Oigo a la diosa… Hábleme, Espido (a los dioses hay que llamarles de usted, que viejos lo son un montón que te pasas), ¡hábleme! “Bondrico lemote ca sorro fe sorre fo, lemote nah”. ¿Lemote nah? “¡Lemote nah!”. Tampoco hacía falta chillar… Que dice la diosa —pues sólo yo la entiendo, que uno no monta una iglesia sin dejar muy clarito que el dios verdadero habla por su boca—, que los votos no son importantes: lo importante es el arte, la belleza, la verdad, la justicia, la igualdad, la paz universal y el amor.
¡Uy! Debo deducir, entonces, claro, que el vulgo, como siempre, no se entera de nada. No saben de arte, de belleza ni de todo lo demás… Tienen gustos aborrecibles, como el jevi y Risto Mejide, comer paella en la playa y ver el fútbol en calzoncillos… ¡Bestias! Seguramente por ello dice Espido en su artículo que se necesitan “propuestas reales” para transformar la percepción de la realidad (la del vulgo, claro, que la suya, su percepción, es la buena).
La plebe vota tonterías, que no sabe ni donde clica. Si el resultado no es el esperado la explicación está clara: ¡se equivocan!, ¡hemos de transformar su percepción de la realidad!, ¡hemos de inaugurar un nuevo ministerio de demoliciones y derribos, que estos bárbaros no tienen remedio! Las diosas neoburguesitas son así: maternalistas (¿está bien el palabro, Bibi?) y amorosamente condescendientes. Nada nuevo.
Pese a todo, la gente, no sólo los jevis, acaba haciendo lo que le da la gana porque la supervivencia es un negocio muy serio que no le deja a una tiempo para chorradas. Los semidioses impuros, como el Mejide, eso lo tienen muy claro, así que en vez de adoctrinar desde la verdad, observan desde dentro —pues chusma somos todos—, analizan, piensan, y hacen su aportación en aquello que les parece que pueden hacerla. Y la hacen de tú a tú, no desde una atalaya.
Como Risto ya tiene muchas iglesias que lo adoran, seguiré siendo Espidooligan Prime, de momento. Por ello y porque la prosa de Espido me sigue poniendo cachondo. Así pues, amiguitas, me despido con nuestro particular alabaré: ¡espidu bidu biduuuuuuuuuuuuu!


