He oído que ayer Mariano y Francino se provocaron múltiples orgasmos democráticos, en vivo y en directo, ante el infinito estupor de los oyentes de la SER, que aún no han podido acostumbrarse a que “en” Carles —pues catalán es— le de brillo con gusto al nuevo PPCC (Partido Popular de Centro Centrista). ¿Pero no era un facha, este gallego tan gallego que nunca se sabe si es él o su hermana? Ya no, ya no. Ahora es un líder centrista. Bueno, de centro-pelín-a-la-derecha-pero-no-mucho-eh, a lo sumo.
Ahora ya sabemos quién es la Dorothy que guía a nuestros simpatiquísimos políticos en esta travesía por la tierra de Oz, donde todos somos felices, buenas personas y de centro, muy de centro; tan de centro que ya no decimos ni sí ni no, sino “ni” y “so”, que significan lo mismo, en concreto: “Totalmente de acuerdo, Carles, majo”; tan de centro que las sesiones de control al gobierno cambiarán su nombre por “sesiones de comentarios constructivos, educados y sin acritud al gobierno”; tan de centro que la oposición pasará a llamarse “los ligeramente discrepantes”; tan de centro que cambiaremos los coches por monoplazas para que el volante no quede a un lado; tan de centro que recuperaremos la teoría geocéntrica y devolveremos la capitalidad a Toledo, que está más centrado en las Españas que Madrid (y es mucho más bonito, de eso no hay duda); tan de centro que, con el permiso de Portugal, completaremos los bordes de la península con arena marina —tal y como se hace en las playas de Barcelona— hasta que en vez de una piel de toro su figura sea la de un círculo perfecto, la de un donut de crema —¡no, mejor: de cabello de ángel!, que los ángeles son tan centristas que ni tienen sexo—, la de un disco uniforme y unánime como el centro, pues centro sólo hay uno, siempre.
En el nuevo mundo-pera, Luis Aragonés la táctica la tiene bien clara: atacar por el centro. Nada de abrirse por las alas y, mucho menos, de usar ¡extremos! ¡No, por Dios! ¡Extremos no! Ahora los extremos ya no existen. Extremo era el PP cuando no era de centro, pero ya no, ya no. Ahora es bueno, bueno… que su jefe ya es amiguito de Dorothy.
Como ya todos somos de centro, los políticos sólo compiten en simpatía y fotogenia. Ayer, ZP entrevistaba a Luis, el seleccionador-milagro; hoy, Rajoy animará a la selección en directo. ¡Qué majos que son los nuevos políticos-pera! ¡Qué buenos niños! Son todo un encanto: tan responsables y tan educados. Al pensar en ellos, no puedo más que dejar escapar un suspirito de amor mientras creo que oigo la sintonía de “Friends”. ¡Sí! ZP es Chandler y Rajoy es Phoebe (“fibi”). ¿Alguien puede dudarlo?
Al Mago de Oz (el grupo de folk metal no, el original) aún le queda un problema, no obstante: los españoles por imperativo legal, que de pronto han descubierto que —al igual que los futbolistas siempre fueron de niños fieles seguidores del siguiente equipo por el que ficharán— ellos siempre han admirado al vistoso fútbol ruso. ¡Ay! ¡Qué malo que es el rencor! ¡Es tan poco de centro! Estos del PNV, ERC y similares es que no hay forma. ¡Más intentos que se han hecho por centrarlos! ¿No será que, se haga lo que se haga, seguirán siempre a la suya? No, no… Hay que seguir intentándolo, con más fuerza, empujando más aún, ¡por el centro! ¡Gnnnnn…! ¡Ya! ¡Lo tengo! Cambiémosle el nombre a la selección. Nada de selección española, que eso de española suena muy poco de centro, excepto si se aplica a las olivas, llamémosla selección vasca-gallega-catalana-etcétera. ¡Eso es! Ya estoy impaciente por oírselo decir a Camacho (José Antonio): "¡Ahí estamos! ¡Aúpa la selección vasco-gallego-catalana-etcétera!".
A mí, no obstante, lo que más me preocupa es que a Pignoise no le ha dado tiempo de componer la canción "Pasar de semis", así que tendremos que conformarnos con el: "¡A por ellos, oe…! ¡A por ellos, oe…! ¡A por ellos, oe…!". Espero que nos traiga suerte.


