domingo 22 de junio de 2008

Mundo-pera

Lee este artículo en el diario ADN.es
Las peras suelen gustarle a la mayoría de la gente porque lo dulce tiene mucho tirón, aunque sustancia no tengan apenas y uno las acabe orinando casi con prisa. Las cebollas, por su parte, no tienen tan buena prensa, pues pican y hacen llorar, pero aún así hay muchos a quienes les gustan con fervor, en ensaladas, fritas o guisadas. Un “jestrumpodorio”, sin embargo, aunque supiera a ambrosía sólida, no podría gustarle a nadie.

Seguramente, si las cebollas supieran a pera a muchos les gustarían más, pero ya no serían cebollas. De la misma forma, si a las peras se las llamara “cebollas”, la reputación de las cebollas entre sus detractores mejoraría, pero no sería verdad porque de hecho se trataría de peras. Si cada vez más se llamara a las peras “cebollas” o “peras”, indiferentemente, se olvidaría qué significaba originalmente “cebolla”, y se acabaría llamando a las cebollas de otra forma, un nombre feo, posiblemente elegido por aquellos que quisieron que las cebollas supieran a pera.

Pese a todo, aunque las cebollas fueran rebautizadas con un nombre horripilante, por ejemplo “jestrumpodorios”, las cebollas seguirían sabiendo a cebolla y las peras, a pera. No obstante —me jugaría el futuro amor de mi barista graciosamente culona y de aspecto manga— los jestrumpodorios gustarían cada vez menos, pues hay que ser muy bestia para que a uno le guste un jestrumpodorio, así que dejarían de consumirse en ensaladas, fritos o guisados, y, al menos en España, se acabarían usando principalmente para fabricar pienso para cerdos, que los gorrinos ya se sabe que engullen cualquier porquería.

Los cebollófobos (o cebolla-haters) pensarían —en la intimidad de sus camas, pues en público se declararían cebollófilos de pro— que la nueva cocina cebolla-free habría supuesto un gran avance gastronómico. En el nuevo mundo-pera, las ensaladas serían siempre dulces; ya no habría que preguntar si la tortilla de patatas llevaba cebolla, pues a nadie se le ocurriría añadirle pera; los “burguers” dejarían de servir aros de cebolla, pues una vez fritos serían aros de aire; y la antipática sopa de cebolla se extinguiría, pues una sopa de pera sería como una sopa de agua.

En el nuevo mundo-pera, ya nadie entendería aquello de “contigo pan y cebolla”, y Shrek debería comparar a los ogros con un jestrumpodorio y no con una cebolla, pues las peras no tienen capas.

Mundo-pera sería un mundo más dulce pero, ¿sería un mundo mejor? A los jevis, la verdad, nos daría igual. Desde que Barón Rojo declarara al jevi un rito marginal, los jevis hacemos lo que nos da la gana, vestimos como nos da la gana (incluso con polos Burberry y relojes Tag Heuer) y nos duchamos las veces que nos da la gana (hasta tres al día). En el nuevo mundo-pera, mi barista graciosamente culona y de aspecto manga —convertida ya en mi esposa-compinche— y yo, junto con el resto de jevis, seguiríamos comiendo tortilla de patatas con jestrumpodorio, hamburguesas con jestrumpodorio, ensaladas con mucho jestrumpodorio y hasta sopa de jestrumpodorio.

En el nuevo mundo-pera, como los jevis somos un poco perros hasta para hablar, posiblemente acabaríamos llamando “gertru” al jestrumpodorio, pero seguiría siendo cebolla.

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