Lee este artículo en el diario ADN.es
Mi salero catalán me ha abandonado temporalmente, y eso que era un salero grandote como un pan de payés; pero el pobre viene y se va, como el valor para pedirle para salir a esa camarera del Starbucks que brilla aún atrapada en su uniforme malintencionado, que sólo le quedaría bien a un saco de café. Mi motor es la ironía lindando con el sarcasmo, fruto de la mala leche, producto, esta última, que debo de haber heredado de mi padre, que es aragonés, pues todo el mundo sabe que los catalanes somos muy dulces. Hoy no soy capaz de odiar a nada que no sea a mí mismo, así que no tengo mucho que decir.Y, no obstante, digo, pues así soy yo, incapaz de estar callado cuando no quiero estar callado y de hablar cuando me embarga el espíritu de un monje budista mudo nacido en Hospitalet. Escribo porque algo hay que hacer, y eso que no me pagan. ¡Para que luego digan que nosotros, los devoradores de pan con tomate, no somos generosos!
La metáfora viviente sobre mi falta de luces continúa representándose en mi cuarto unipersonal, cual pesebre viviente navideño con virgen de las de no me hagas reír y San José ateo. Tras fundirse la bombilla del escritorio, la persiana se ha descolgado para siempre, como una guillotina que se negara a seguir cortando cabezas. El otro día, hace poco, fui a abrirla pues ya era de día (y, por variar, me dio por querer ver al sol), y, al estirar con mi hercúlea fuerza, la cuerda chilló: “no más” (creo que es una cuerda argentina, que argentinos en Cataluña hay tantos que estamos pensando en incluir Buenos Aires en els Països Catalans, a la mínima que se despisten —que no se me malentienda: adoro a los argentinos, sobre todo si son mujer—). Tras el gemido criollo, el cordel travestido (hace unas líneas lo llamé cuerda) se rompió en dos no por ningún afán autosalomónico, sino de puro viejo, sumiéndome en una oscuridad que, ahora que lo pienso mejor, realmente espero que sea un chiste sobre mi raciocinio y no sobre mi vida, y menos sobre mi futuro.
Como veis, escribo pero no sé hacia donde. Esto es culpa de Exotika, el cuadradito alado al que se le ha ocurrido piropear a mis letras. ¡Mal hecho, angelote! Me sientan mal los piropos. Mi creatividad necesita cadenas y cuero, no dulces palabras. Yo soy una drama queen machorra, capaz de quejarme de que la ministra Avuelto quiera poner una teléfona para que los hombres puedan llamar y chillarle un rato antes de pegarle a su mujer (o a su marido, que hay mucho gay que no es nada maricón), lo cual es muy discriminatorio con las mujeres chillonas, que nos tendremos que seguir conformando con chillarle a los niños. Ah, no, que no tengo niños, yo. ¿A quién le chillo pues? Ah, ostras, que soy hombre. Bien por mí, entonces podré chillarle a la teléfona de género. Espero que no se achante con facilidad, esa aparata masoquista diseñada para recibir improperios, pues sino vaya gracia.


