Hoy he decidido escribir un segundo artículo, muy breve. Ingrid Betancourt fue secuestrada por las FARC el 23 de febrero del año 2002. Tras más de seis años de cautiverio, ayer fue liberada por el ejército colombiano.
Me es imposible imaginar el sufrimiento que debe de padecer una persona al ser privada de libertad durante tanto tiempo por haber cometido la grave ofensa de defenderla. Me es incomprensible cómo alguien puede sobrevivir en las circunstancias en las que ha tenido que hacerlo esta gran mujer. Yo no creo que pudiera.
Ya libre, Ingrid Betancourt hablaba con la serenidad de quien volviera de un viaje de recreo. Sus palabras eran de agradecimiento, concordia y esperanza. Yo no puedo más que admirarla y sentirme muy afortunado por ser de su misma raza: la humana, la única que hay.
Ingrid Betancourt es una súper mujer y, por supuesto, un súper ser humano. Hoy, tras seis años de sufrir la peor de las fortunas, le dio las gracias a Dios, a la Virgen y al ejército de su patria, Colombia. Yo, que soy cualquier cosa menos súper, posiblemente deba revisar mis creencias.


