PILI LA DEL MÉTODO.—

Señor, de tan preocupado que os veo,
obligada me siento a preguntar
si algo en mi mano pudiera estar
que el ánimo os fuera a levantar.
Bien sabéis que no sólo mi plumero,
mis zapatillas, cofia y delantal,
todos mis saberes, así en general,
los enseres que traje de mi ciudad
y por completo mi honrado esmero
están a vuestra total disposición;
sino también de mi cuerpo, lo mejor…
¿Queréis, de mis hombros, el consolador,
que es este, el que os ofrezco primero,
o mis brazos, para bien arroparos,
o mis labios, para fuerzas inspiraros,
o mis pies, para siempre acompañaros?
Mas decidme, no temáis ser sincero.
ODERFLA.—
¡Ay, mi Pilar del Esmero Fregando,
por Dios qué poco o menos te entiendo!
Unos días gritos nos andas metiendo,
tus malos humores vas extendiendo
cual bedel más que harto de sus mandos,
pero otros eres un ángel del Cielo,
preocupada de todos por entero,
fiel como el más sufrido escudero,
buena como en noche fría un caldo.
PILI LA DEL MÉTODO.—
Será que mi método está fallando…
ODERFLA.—
¿Se puede saber de qué rayos hablas?
PILI LA DEL MÉTODO.—
Creo que a mi hermana le faltan tablas.
ODERFLA.—
¿Y a mí qué diablo preguntar me manda?
Anda ya no calles, sigue hablando…
PILI LA DEL MÉTODO.—
Mis padres nos parieron de a dos.
Ser pobres como ratas no les frenó.
Extraños, los designios de nuestro Dios,
que a veces nos sigue ahogando.
El físico nunca nos diferenció.
Ni mi madre sabía quién era yo,
si el silencio regía la situación.
Cuando no la matábamos callando,
el asunto siempre fue bien distinto,
pues si yo soy un suave vino tinto,
mi hermana es vinagre sin precinto.
Es así, no la estoy acusando.
ODERFLA.—
Siento que el aire me está faltando…
PILI LA DEL MÉTODO.—
Siempre presa de la más pura ira,
mi hermana, bautizada Palmira,
de los trabajos iba y venía...
Días, nunca aguantó más de cuatro.
Soy la mayor por un minuto solo,
pero eso para mí lo cambia todo.
Quizás me lo impuse yo, este voto,
pero intento mantenerla a salvo,
aunque mis esperanzas haya roto,
como suelen hacerlo los muy locos,
y de mi aguante ya quede bien poco…
pero de momento vamos tirando.
ODERFLA.—

Siento como se me escapa la vida…
PILI LA DEL MÉTODO.—
Como quizás ya habrá adivinado,
todo esto se lo he explicado…
sin pensar, aquí se lo he soltado…
porque ya la conoce, a Palmira.
ODERFLA.—
Jamás lo hubiera ni sospechado…
PILI LA DEL MÉTODO.—
Veo que yo sola me he delatado.
ODERFLA.—
En verdad tu método no ha fallado…
PILI LA DEL MÉTODO.—
Creo que me vuelvo a la cocina.
ODERFLA.—
Y mañana, ¿a cuál le toca venir?
PILI LA DEL MÉTODO.—
Lunes, martes y jueves son para mí.
ODERFLA.—
Miércoles y viernes… ¡Vaya sinvivir!
Quizás me mude al bar de la esquina,
todas esas desdichadas jornadas
en las que me empaquetas a tu hermana.
Déjame decir que te sobra cara
aunque no sepa tenerte inquina.
P.D.: Si a alguien le da por contar sílabas, que tenga en cuenta que he hecho uso extensivo de la licencia poética, que permite armar y desarmar diptongos a discreción. Si no me he equivocado, todos los versos pueden, de una forma u otra, entenderse como endecasílabos.


